Su padre fue un preso de Los Merinales. Su hermano fue detenido y torturado. Esta es la historia de una mujer generosa que nunca quiso ser protagonista
En 2022 falleció en Dos Hermanas, a los 91 años, Enriqueta Adame Hens, que supo que ese no era su nombre real el día en que fue a solicitar su partida de nacimiento para casarse. En realidad, se llamaba Tránsito Isabel. Le decían Enriqueta por su madrina. Hoy le queremos dedicar estas líneas a una mujer cuyo nombre no aparecerá en la historia del partido comunista (sí el de su hermana Francisca, Medalla de Andalucía en 2005), pero que fue activista esencial en la sombra. Pongamos un ejemplo. Cuando en una redada era detenido su hermano, el significado comunista Manuel Adame, ¿quién hacía desaparecer la "vietnamita" (la multicopista con la que se imprimían las octavillas clandestinas) para que no la encontrara la policía franquista? Enriqueta.
Una chabola en Los Merinales
Aunque nació en Adamuz (Córdoba) y su infancia transcurrió en La Herrería, una pedanía de Fuente Palmera, ella, sus nueve hermanos y su madre llegan a Dos Hermanas cuando su padre es condenado a trabajos forzados en el campo de concentración de Los Merinales, por haber combatido en el bando republicano e intentado huir desde Alicante en un barco ruso.
Como tantas otras familias golpeadas por la guerra, los Adame se instalan en una chabola cerca de Los Merinales, para estar cerca de su padre cautivo. La infancia de Enriqueta estuvo marcada por la miseria. Iba por las fincas con una cuchara para que le dieran aunque fueran unas habas secas, destinadas a alimento para los cerdos. Es la razón por la que siempre odió las habas. Por la extrema pobreza, y por ser de familia "roja", Enriqueta nunca pisó un colegio, algo de lo que se lamentó toda su vida. Decía que "un niño sin escuela es como un día nublao".
Una tasca en Fuente del Rey
En 1949 su padre sale libre de Los Merinales. Enriqueta tenía 18 años. Cuando, décadas después, participó en un documental mostrando sobre las ruinas la ubicación de los barracones, siempre habló con cariño de los mandos del campo de concentración.
La familia no se aleja del lugar. Su padre monta una tasca en Fuente del Rey, que les permite salir adelante. El enclave se hizo tan popular que era conocido como "la cuesta de Adame". Hasta allí iba a rondar a Enriqueta el nazareno Juan Francisco Sánchez Reina, que entonces se dedicaba a la albañilería. El padre de ella, que la pilla con el mozo, le advierte que no le gustan "los novios de carretera", pero ellos se aman y se casan en 1957. Cuentan que a los dos se les daba bien el cante y a veces lo hacían juntos: él, por Juanito Valderrama; ella, por Dolores Abril.
El joven matrimonio se va a vivir a las Casas Baratas. Lo que más le gustó a Enriqueta de aquella vivienda es que tenía baño, un lujo del que hasta entonces no había disfrutado.
Tuvieron cinco hijos. Aunque de soltera trabajó en el almacén de aceitunas de Villamarín, al casarse se dedica a su casa y a sus hijos. En alguna época de crisis sobrevenida, Enriqueta se empleó como sirvienta en otras casas, como la de la maestra Dolores Velasco. Y de noche, confeccionaba cortinas de manera clandestina para el mercado negro. Se trataba de sobrevivir.
Comunismo en vena
Su hermano, Manolito Adame, fue un destacado miembro del comunismo clandestino en Dos Hermanas. Fue él quien condicionó ideológicamente a toda la familia. Cayó en varias redadas junto a otros históricos, como Luis Monje. Fue torturado. Así que Enriqueta, hija y hermana de militante, bebió de este sentimiento desde su cuna. Más que una comunista de formación, como lo fue el alcalde Benítez Rufo, ella fue comunista por un sentimiento de fidelidad hacia su familia. Estaba siempre al servicio del partido. Humilde y generosa, nunca se significó en primera línea, pero ayudaba a que las cosas ocurrieran. Acudía a reuniones clandestinas. Casi siempre guardaba silencio, pero sabía escuchar. Su propia casa, en calle Cisne 47, estaba peligrosamente abierta a estas reuniones prohibidas. Escondía documentación si había registros policiales y, cuando años después el PCE fue legalizado, era la primera dispuesta a pegar carteles electorales. Era muy seguidora de Santiago Carrillo, y le dolían especialmente las rupturas y desencuentros dentro de la izquierda. Durante la transición, se implicó mucho en las asociaciones de padres.
La enfermedad
Aunque murió con 91 años, a Enriqueta le diagnostican párkinson a los 65 años. Solo eran temblores esenciales, pero la fuerte medicación la dejaba somnolienta. Fue tratada en El Tomillar. Mejoró.
En los últimos años de su vida intimó con unos buenos amigos que la acompañaron hasta el final: los libros. Leía a María Dueñas, Almudena Grandes, Benjamín Prado. Citaba largos párrafos de memoria; le encantaba recitar. Con una invalidez cervical, en su tramo final se dedica a sus hijos y sus ocho nietos. No oía bien, pero leía los labios e interpretaba la expresión de quién le hablaba. Finalmente se la llevó una neumonía. Parte de sus cenizas, por petición propia, fueron esparcidas en el campo de Los Merinales.
Con esta breve semblanza nos sumamos a su familia en el recuerdo de Enriqueta, una mujer fiel a sus principios, generosa, que lo dio todo por los demás sin levantar la voz.
(Nota del pie de foto en la parte superior derecha):
Enriqueta en su juventud, vestida de flamenca en un Valme, junto a su esposo.
Por: David Hidalgo Paniagua texto y fotos. Publicado previamente en el periódico El nazareno el 18 de junio de 2026


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