Cuando a Ricardo Limia Alonso lo cogieron preso, con 19 años, para condenarlo a cadena perpetua, su primera novia le envió una carta diciéndole que le esperaría para casarse. Este detalle demuestra como la guerra acabó, de golpe, con los planteamientos vitales de los que la sufrieron, aún más, en el caso del bando republicano, que luego hubieron de redimir sus condenas a través del sistema que ideó el Franquismo para canjear dos días de pena por cada jornada de trabajo, en los múltiples casos de presos que se repartieron por el territorio nacional.
Ricardo, de ahora 88 años (en 2005), narra que, para cuando lo detuvieron, ya era secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas. Su padre, que trabajaba en las minas de Riotinto, también conoció la cárcel por participar en el denominado movimiento de Asturias, y de pequeño, enviaba a su hijo para que escondido, le llevara a sellar (tras abonar el pago) el carné de la Unión de Trabajadores. Por ello, dice Ricardo, que ha sido de izquierdas desde que nació, y ya con 12 años se carteaba con el diputado socialista Ramón González Peña. Más tarde, también lo haría con Santiago Carrillo.
Cuando estalló el conflicto bélico, estuvo un año escondido por la Sierra de Huelva, junto con más de 12.000 milicianos que lo mismo batallaban contra las tropas de Franco, que se tenían que robar comida para sustentarse. A él lo detuvieron cuando fue llamado a filas en el regimiento de infantería de Cádiz nº 33, y no le dio tiempo a llegar al frente, donde pensaba cambiarse al bando contrario dado que fue denunciado.
Después de pasar varios meses detenido en el Castillo de Santa Catalina y la prisión provincial de Cádiz, el consejo de guerra determinó que su pena fuera prisión perpetua, si bien, fue logrando redimir esta condena que finalmente se quedó en 12 años, traducido al sistema de los campos de presos, un total de seis privado de libertad.
En Dos Hermanas, fue enviado al campo de La Corchuela, que según su versión, acogía las oficinas técnicas de todos los proyectos de obras que se estaban realizando en los municipios vecinos, así como desde el que se planificó la construcción del campo de presos de Los Merinales, unos pocos kilómetros más allá. Allí, al disponer de formación, fue nombrado jefe del depósito de carburante, de manera que tenía que controlar que no se robara gasolina, y controlar quien accedía al recinto y los aprovisionamientos. A sus órdenes, Ricardo disponía de tres ayudantes, y tenía relación directa con el comandante *Tomás Valiente* y el jefe general Luis Madariaga, responsables directos de que se creara un recinto adecuado para la gasolina dado que también había problemas de evaporación. Con ambos y, especialmente el comandante, que lo llamaba ‘Ricardito’, mantuvo una relación de confianza lo cual le permitía libertad de movimientos para acudir a las diferentes obras que estaban en marcha sin que fuera vigilado. De hecho, en Dos Hermanas conoció a la que posteriormente sería su mujer, natural de Coripe, y cada noche se escapaba del campamento para acudir a verla.
Sin embargo, ése fue el fin de su servicio en La Corchuela, cuando ya se había puesto en marcha el de Los Merinales, dado que una de las noches, lo acompañó su amigo Adolfo González pero éste no se presentó a la mañana siguiente en su puesto de trabajo, por lo que Ricardo fue castigado y enviado de nuevo a prisión, en este caso a la de Sevilla. Allí, con informes favorables que envió Tomás Valiente sobre los servicios prestados, estuvo cuatro meses, periodo con el que acababa ya con el cumplimiento de su pena.
Sin embargo, terminada la condena, su condición política lo acompañó siempre, lo cual supuso que no pudiera trabajar por ejemplo, en el almacén de León&Cos, donde había solicitado empleo como contable. Antes de asentarse definitivamente en Dos Hermanas, Ricardo se casó justo al día siguiente de salir de la cárcel y marchó para Riotinto, donde estuvo trabajando como jefe de trenes regionales de primera, trabajo que hubo de abandonar. En este municipio, desempeñó múltiples oficios, desde maestro, -al disponer de una escuela en el barrio de San José-, a viajante comercializando aceitunas, lo que llevó a recorrer toda España. Del mismo modo, estuvo a cargo de un despacho de pan, cuando se constituyó Sainpan, y fue nombrado presidente del gremio de panaderos. De forma paralela, durante 30 años ostentó distintos cargos orgánicos en el Partido Comunista, del que fue secretario de organización, y comarcal de finanzas, entre otros. Unas actividades, que lo tenían sobradamente ocupado, mientras crecía su hijo y hoy día, su nieto, recopila todos los libros y videos que han recogido el perfil de este hombre, que aplicó sus ideales a todas sus tareas, promoviendo, narra, que los panaderos consiguieran librar los domingos.
Asimismo, aún recuerda como se las ingenió para engañar a los miembros de Alianza Popular un día antes de las primeras elecciones democráticas, para conseguir sobres destinados al PC, dado que a la agrupación local se le habían agotado. "Y ganamos las elecciones", explica, mientras que en su relato se sobreentiende cierta aflicción por episodios de represión sufridos, pero con la tranquilidad de un hombre que se ha mantenido fiel a su conciencia.
Carné de la ASOCIACION DE EX-PRESOS Y REPRESALIADOS POLITICOSResistentes Antifascistas - D. Ricardo Limia AlonsoDomicilio Avenida de las Portadas, 12Socio n.º 3.197
Autora: Montse Sánchez. Publicado en la revista Punto Cultural, nº:11 24 de junio de 2005
.jpeg)
.jpeg)

.jpeg)
0 Comentarios