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1936, agosto. Relato de un joven testigo que vivió esas duras jornadas II

Me llamé Manuel Espada Cabrera y esto que relato, lo viví y lo sufrí cuando apenas tenía
22 años y acababa de recibir la grata sorpresa de haberme librado de la mili por excedente de cupo.

SÁBADO 1 DE AGOSTO

Muere fusilado en las tapias del cementerio de Alcalá de Guadaira D. Antonio Muñoz Benítez (El Laico) Alcalde Republicano que fue de Dos Hermanas. No sé lo que les dijo a los falangistas nazarenos que ellos mismos contaron que no tuvieron valor para asesinarlo y lo tuvieron que fusilar los falangistas de Alcalá.

EL 4 DE AGOSTO 

Queipo de Llano en sus charlas radiofónicas refiere que la Sociedad de Obreros  panaderos de Dos Hermanas le hizo entrega de sus fondos, cosa incierta, ya que se los arrebató e incluso fusiló a algunos de sus socios: “También me ha comunicado su disolución el Sindicato de Artes Blancas de Dos Hermanas y las 500 pesetas de sus fondos nos la remite para la suscripción a favor del soldado”. LA UNIÓN 5-08-1936 (Queipo de Llano – Sevilla Verano de 1936 – Ian Gibson).


Avisó el general a los exportadores de aceitunas que quedan autorizados  los embarques, siempre que los créditos correspondientes obren en poder de bancos de Portugal o Gibraltar y sean en dólares y a la vista” ABC 11-08-1936.

A MEDIADOS DE AGOSTO 

De nuevo “el coche fantasma” fue a buscarme, esta vez a la panadería. Al ser requerido para que los acompañara, les contesté que esperaran a que me lavara las manos que las tenía llenas de masa, a lo que respondió el fascista González Carot que no hacía falta  que me las lavara, pues para el tiempo que me quedaba que estar vivo, daba igual como las tuviera.

De nuevo en el cuartel de Falange, me encontré con otro panadero y socialista Rafael Fernández MarquezPisones”. Me volvieron a hacer las mismas preguntas que el 25 de Julio. Durante tres o cuatro horas además de interrogarme y amenazarme con llevarme a Barranco para matarme aquella misma noche, me presentaron unos papeles firmados por compañeros míos que negué conocer su contenido, así como las firmas, una de las cuales era la mía. Esta vez el actor del interrogatorio fue un guardia civil llamado Perea. Finalmente, me dejaron ir con la misma advertencia que la vez anterior, obligándome a salir andando hacia atrás con el brazo en alto haciendo el saludo fascista (1). Cuando salí, directamente me fui para la panadería. Enterado de mi liberación, el patrón cogió su caballo y se dirigió al Garaje para comunicarle a mi familia que me habían liberado.

Durante el resto de agosto y el mes de septiembre siempre recorría el mismo camino: de mi casa en el Garaje de Los Amarillos hasta la panadería de la calle El Pinar y vuelta a mi casa. Allí me visitaba mi novia. Un día, harto de hacer el mismo recorrido, decidí pasar por la calle Antonia Díaz para salir a la Plazoleta, en vez de su recorrido habitual desde la calle El Pinar: Callejón de las Tunas (actual Dr. Caro Romero), Canónigo, El Arenal, Avda. de Sevilla, Venta Las Palmas y Garaje de Los Amarillos o viceversa. Al llegar a la Plazoleta (Plaza Menéndez y Pelayo), fui abordado por dos conocidos criminales falangistas: José Arquellada Del Valle (padre del Exconcejal del PSA) y Juanito Millán al que llamaban antes del 18 de julio El Tonto Del Barrio (San José). Este último me mandó parar y bajarme de la bicicleta diciéndome: ¿tú eres Espada no? ¿Y, sigues siendo comunista? (este era el calificativo que daban a todos los que no pensaban como ellos). le respondí que nunca había sido comunista, a lo que el mencionado Millán contestó que los siguiera que dejaría de ser lo que fuera dentro de poco. Al llegar a la puerta de la casa de socorro (frente al bar de Amable en la calle Santa M.ª Magdalena) les dije que, si me llevaban al cuartel de Falange, hacía dos días que había estado allí prestando declaración ante su jefe Valerio Cano, lo que motivó que me dejaran seguir mi camino.

Contaba mi gran amigo Francisco García BurgosFrasquillo el de la Vicenta que estando detenido en la Fonda de Campos (Sede de Falange) por ser anarquista - lugar donde establecieron la checa o cárcel de Falange -, lo sacaron para asesinarlo junto con otros dos detenidos. Estos eran un tal Ordóñez que vivía en la Vereda del Garaje y el jefe de estación de la Salud. Los asesinos que los acompañaban en el coche fantasma eran Juan Reguera, Manolo Salguero y el anteriormente mencionado Juanito Millán. Frasquillo se soltó de sus ligaduras hechas con cables del tendido eléctrico cuando iban por la carretera de Alcalá. Al verse sin ataduras les propuso a sus compañeros soltarlos, pero ellos rehusaron, pensando que aun tenían esperanza de seguir con vida. Al ser obligados a bajar, Frasquillo que se encontraba liberado, se abalanzó sobre sus verdugos a los que tiró al suelo, corriendo por entre los olivos con la suerte de que no le alcanzó ninguno de los disparos de estos asesinos que sí lograron abatir a los otros dos desgraciados. Después de varios días en paradero desconocido, consiguió esconderse en su casa hasta la finalización de la guerra. Como todas las noches dormía con su mujer, siendo jóvenes, ocurrió que tenía que ocurrir, que ella quedó embarazada y las compañeras del almacén de aceitunas donde trabajaba le decían “ahora para que no hayan matado a tu marido y cuando termine todo se presente y se encuentre con un hijo más”. Ella con gracia decía: que le den por el culo, que no se hubiera ido”.

Mientras tanto, mis compañeros José Salguero y Jerónimo Marchena estaban combatiendo a las fuerzas de Franco en los frentes de Córdoba, Montoro y El Carpio. El primero pasó al Cuerpo de Carabineros y en el frente de Madrid recibió un disparo cuyo proyectil quedó alojado entre el estómago y el diafragma donde permaneció hasta su muerte. Marchena, chofer de profesión, que pertenecía al Partido Comunista, moriría fusilado en Madrid víctima de la represión franquista el 30/09/1.947 por evadirse del campo de concentración de La Conchuela.

Los fusilamientos en Dos Hermanas se hicieron primero en El Barranco por orden de la Guardia Civil a aquellos que lo ejecutaban. Entre ellos hubo varios amigos míos, a otros los asesinaron cerca del Sanatorio de El Tomillar, donde también asesinaron a destacados sindicalistas de Alcalá de Guadaira, otros en la carretera de La Isla y otros, desde mediados de agosto, junto a la fosa común del cementerio donde fueron enterrados. Me contaban que Félix el enterrador no utilizaba guantes para andar con los cadáveres, incluso cuando los médicos hacían las autopsias. Que gran testigo si no hubiera tenido connivencia con los asesinos. 

En Dos Hermanas, morirán víctimas de la represión franquista, personas tan significadas como el exalcalde liberal Juan Antonio Carazo Gómez (28/10), los fundadores del PSOE José Muñoz Rivas, Cristóbal Galván Boza), Antonio Ramos Madueño, los concejales socialistas Francisco Ponce Bancalero, Antonio Pelayo Ruiz o los también ediles republicanos Ventura de Cos Franco y Joaquín Prieto Girón, este último fusilado en barranco. La última “hazaña” de estos asesinos fue la ejecución del propietario y conductor del camión que transportaba los cadáveres de barranco al cementerio: Joaquín Mejías “Cabanoche”. Ya le habían advertido que sería el último y como no pudieron reducirlo por lo fuerte y bragado que era, lo asesinaron desde una claraboya que existía en la checa del cuartel de Falange.

Se contaba que mi hermano Frasquito al escuchar de labios de D. Manuel Andrés Traver y Carlos Delgado de Cos, su patrón, exclamar: “Hemos acabado con todos “. Él les contestó: “Si, pero aún queda la semilla”. 

Por último, este mes hubo un halo de esperanza cuando llegaron las noticias del revés  sufrido por las tropas franquistas en el frente de Córdoba donde algunos soldados llegaron huyendo  hasta Sevilla. Ello levantó un inusitado ánimo dándose el caso que en las paredes del almacén de  aceitunas de Lissén aparecieron letreros subversivos convirtiendo momentáneamente el pánico en regocijo. 

Finalmente, el 2 de octubre me movilizaron para engrosar las filas del ejército de Franco y hacer el  periodo de instrucción en Ceuta. Pero ese fue otro calvario que excede de estas líneas.

(1) Contaba mi hermana Ana que ella también contribuyó a mi liberación al hablar con Carlos Delgado de Cos, patrón de mi hermano “Angelillo” poco después de que me apresaran.

Autor: Manuel Espada Martín











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